domingo, 10 de febrero de 2013

Abuso de conciencia

Esta casa en la que vivo se asemeja en todo a la tuya: la disposición de las habitaciones, el olor del vestíbulo, muebles, la luz oblicua por la mañana, atenuada al mediodía, solapada por la tarde; todo es igual, incluso los senderos y los árboles del jardín, y esta vieja puerta semiderruida y los adoquines del patio. 
También las horas y los minutos del tiempo que pasa son semejantes a las horas y a los minutos de mi vida. En el momento en que giran a mi alrededor, me digo: "Parecen de veras. ¿Cómo se asemejan a las verdaderas horas que vivo en este momento?".
Por mi parte, si bien he suprimido en mi casa cualquier superficie de reflexión, cuando a pesar de todo el vidrio inevitable de una ventana se empeña en devolverme mi reflejo, veo en él a alguien que se me parece. Sí, que se me parece mucho, lo reconozco.
¡Pero no se vaya a pretender que soy yo! ¡Vamos! Todo es falso aquí. Cuando me hayan devuelto tu casa y tu vida, entonces encontraré mi verdadero rostro.

Jean Tardieu.

sábado, 9 de febrero de 2013

Me gusta hacerme daño

Sabía que era difícil,
que la distancia no ayudaría,
que tienes siete años más que yo,
que tienes otros proyectos,
que tienes otras ambiciones,
que eras mucho más maduro,
que tus relaciones pasadas seguían presentes,
que detestabas el tabaco,
que no te agradaba que desfasase,
que a veces no me entendías,
que lo que menos querías eran más preocupaciones,
que no te gustaba mi flequillo,
que no era el momento,
y aún así, me enamoré.
¿Y qué hago yo ahora con este corazón
que no entiende de prioridades?


"Te confieso que no atino a encontrar la calma. Nada ansío más y es lo que menos tengo"

viernes, 8 de febrero de 2013

Recuerdos

...el olor a café que abarcaba toda la casa y llevárselo al abuelo a la cama, con un poquito de leche condensada en una tacita blanca y abrazarlo muy fuerte mientras se lo bebía.
...el trayecto de casa a la guardería con él de la mano.
...la cuna de mimbre que me regaló la vecina y las horas que pasé jugando con ella a ser mamá.
...los baños con la manguera en el patio.
...el pollito rosa que me regalaste y que luego, cuando murió, procuraras hacerme sonreír diciéndome que estaba en el cielo de los pollitos rosas.
...el día que murió mi tío y no pude ir de excursión con el colegio y me dijiste que se había cancelado porque el rey estaba de visita en Sevilla y no se podía ir.
...los paseos en el carrito, visitando a todas tus amigas del poblado, las cuales solo me pellizcaban los cachetes y me decían que era preciosa.
...el miedo que le tenía a los conejos del cobertizo, y lo que lloré cuando morían.
...las comidas familiares donde te sentías querida, rodeada de todos.
...las horas que nos llevábamos las dos en el ambulatorio porque siempre estaba resfriada.
...lo que llorabas escondida en la habitación cuando echabas de menos a tus hijos. Yo te escuchaba, te buscaba y te abrazaba con todas mis fuerzas.
...las tardes que pasábamos pintándonos y haciéndonos fotos con todos los trajes de fiesta que había en los armarios.
...lo preciosa que ibas vestida de mantilla.
...cuando te enfadabas conmigo y me amenazabas con llamar a mi madre para que me llevase con ella.
...cómo lucías tus vestidos nuevos, que aún siguen en tu cuarto, ese que aún huele a ti.
...el día de mi comunión, en el que el abuelo estaba en la cama recién operado y no pudo ir, y tu no querías quedarte en el convite por querer estar a su lado.
...los tacones que me pusiste escondidos para que pudiese entrar en el hospital cuando nació mi hermano.
...las risas, los llantos.
...cuando te mudaste de piso y tuvimos que subir al abuelo en la cama.
...la manera que tenías de consolarme porque, sin decirte nada, sabías que algo iba mal y me hacías sentir especial siempre.
...las últimas palabras que me dijiste como si hubiesen sido dichas hace dos horas, cogiéndome de la mano muy fuerte y llorando. Sabías que era yo. Aún te acordabas de mí. 
Eras única. Eras mi madre.
Entro en casa y todo me recuerda a ti. Voy corriendo a la habitación con la esperanza de encontrarte durmiendo en la cama, pero no estás. Veo tu cama, tu silla de ruedas, tu butaca, tu ropa, tus zapatos, tus fotos...Y TE HUELO. Me tiendo en la cama acurrucada como si estuvieses a mi lado y me entra frío, pero me siento protegida. 
Te echo de menos, princesa. Pero sé que estás conmigo, por eso todas las noches seguimos conversando y rezando los cuatro angelitos antes de dormir.

miércoles, 6 de febrero de 2013

No quiero despertar por las mañanas para no dejar de soñarte

¿Sabes? Aún no te has ido.
Es cierto.
Sigues ocupando tu espacio en mi cama. Me despiertas con besos por las mañanas. Enredas tus pies con los míos debajo de las sábanas. Acaricias mi pelo. Me buscas para hacerme cosquillas. Me besas en mi lunar de la nariz. Recorres mi pecho con tus dedos. Apoyas tu brazo en mi cintura para dormir abrazados y me agarras con fuerza, para que no me aparte de tu lado.
Pero ahora eres frío. Invisible. Insípido.
Solo te llevaste tu parte física.
Por eso creen que hablo sola.

domingo, 3 de febrero de 2013

Novontia

En este estado, las cosas se ven mucho mejor:
-Te echo de menos.
-Te amo.
-Te extraño.
Así, por ese orden.

viernes, 1 de febrero de 2013

Las tarjetas, las películas y el pop, solo potencian mentiras y corazones rotos.

-La amo. Me encanta su sonrisa, su pelo, sus rodillas. Me encanta el lunar con forma de corazón que tiene en la piel. La forma en la que a veces se moja los labios antes de hablar. Y el sonido de su risa. Me encanta mirarla cuando está dormida. Me encanta escuchar esa canción cada vez que pienso en ella y cómo consigue que me sienta. 

Algunos días después...

-La odio. Odio sus dientes torcidos, odio su corte de pelo de los 60, odio sus rodillas huesudas, odio su mancha con... forma de cucaracha en la piel. La forma en la que se chupa los labios antes de hablar. Y odio el sonido de su risa. ¡Odio esa canción!.


(500 días juntos).