jueves, 13 de septiembre de 2012

Preparando otra guerra


Te espero, como quien espera el verano en pleno febrero, sólo por huir de la ciudad más gris del mundo con todo su pavimento cubierto de blanco. Te planeo como se organiza un viaje sólo de ida, con un plano lleno de cruces en todas las calles que de antemano sé que quiero recorrer de la mano contigo. Sin ser tú consciente, hemos paseado con correa a mi nudo en la garganta, a mi hueco del estómago, a mi necesidad continua de huidas en cada oportunidad que tengo de advertirme más incapaz de huir de mí misma, rindiéndome de esta suerte a la certeza. 

Te concibo como a un ídolo, como al escritor de mi libro de cabecera, aquel que hizo magia describiendo dos trenzas morenas con flequillo. Te agiganto como se hace en los catálogos de hotel con las fotos. Te exagero como los anunciantes de las paradas de autobús: detergentes para ropa sin estrenar, anuncios de rímmel con pestañas postizas, sonrisas blanco nuclear conduciendo descapotables rojos inaparcables,... 

Te acomodo entre dos ideas, te acoplo en los pocos huecos que aún me quedan libres, en un pedazo de la imaginación que en otro tiempo presumió de desahogo espacial, donde la ventana siempre está abierta para que no dejes de arrojar piedras por si un día, sin querer, te hago llorar y nos hundimos los dos. 

Te idealizo como a un genio muerto, aunque estés más vivo de lo que yo he estado en meses. Como lo hace cualquiera que se enamora de un personaje, olvidando al total del actor que hay detrás. Como a las revoluciones, creyéndote el milagro político que lo cambiará todo. Como los fanáticos religiosos a sus dioses de barro y oro. 

Te hiperbolizo como al amor eterno...

No hay comentarios:

Publicar un comentario