martes, 3 de julio de 2012

Dedicado

Afuera llovía muchísimo, Martina tenía miedo, había llegado la noche...
Cuando salía la luna, Martina sabía que la mandarían a la cama.
Luego sus padres se irían a su habitación y se dormirían, incluso la televisión se callaría y empezaría a roncar.
Nadie, menos ella, escuchaba al "monstruo"...
Martina estaba convencida de que por debajo de su habitación había una civilización de monstruos que vivían cabeza abajo. Todo el mundo, pensaba Martina, tenía un reflejo al revés.
También todas las cosas del mundo tenían su reflejo monstruoso. A veces Martina tenía pesadillas en las que todos los monstruos saltaban a la vez. Entonces hundían nuestro suelo y nos daban un susto muy grande, ¡enorme!
Aquella noche Martina no podía dormir. Temía que si dejaba caer el brazo de la cama, el monstruo haría un agujero, lo agarraría con fuerza y quizás se la llevaría a su mundo, donde tendría que aprender a vivir cabeza abajo. Y quizás Martina tendría que luchar al lado de los monstruos contra las personas, saltando sin parar junto a ellos.
Tenía tanto miedo que se quedó muy quieta en la cama. Intentó que ninguna parte de su cuerpo, sobre todo sus pies o sus brazos, quedaran fuera de la sábana y llamó a su padre.
       -¿Cómo serán los monstruos de grandes? Yo, en comparación a una hormiga, soy una gigante, pero ¿y si el monstruo fuera tan grande como tú? ¿Qué podría hacer yo?
       -Llamarme - le dijo su padre-. Escúchame. Yo mataré monstruos por ti.
       -¿Cómo?
       -Dándote una idea para que no tengas miedo, Martina. El tamaño de los monstruos dependerá del miedo que les tengas. Si te sientes valiente verás el monstruo pequeño y cobarde.
Y aquella noche, sin que se diera cuenta, Martina dio un largo bostezo y le llegó el sueño.
Entonces Martina soñó con una niña monstrua. Estaba recubierta de pelo rosa, y era bastante rechoncha. La niña monstrua se llamaba Anitram.
Afuera, en el mundo de los monstruos, también llovía, y lo hacía a cántaros. Anitram tenía miedo, había llegado la noche. Cuando salía la luna, Anitram sabía que la mandarían a la cama.
Luego sus padres monstruos se irían a su habitación y dormirían con aquellos ronquidos de monstruo, incluso la televisión monstruosa de pelo rosado se callaría y empezaría a roncar.
Nadie, menos ella, escuchaba a la "humana"...
Anitram estaba convencida de que en la otra cara del suelo había una civilización de humanos. Caminaban cabeza abajo.
Todo lo que ella conocía tenía su reflejo al revés. Las calles rosas del mundo monstruo, las casas peludas y los árboles azules...Había tantos humanos como monstruos, así que, en caso de pelea, la batalla sería muy igualada, aunque los monstruos tuvieran las pistolas de fresa y los lápices gigantes para defenderse.
Anitram también tenía un reflejo al revés. Por debajo de su cama imaginaba a una niña humana. Tenía su misma edad. Seguramente aquella niña había nacido el mismo día y año que Anitram.
La había escuchado saltar encima de su cama. Esa humana era muy ruidosa. ¿Y si todos los humanos decidieran saltar a la vez?, se preguntaba Anitram. ¡Quizás hundirían el suelo! Desde luego, si eso sucediera, les darían un susto muy grande, ¡enorme!
Aquella noche Anitram no pudo dormir. Estaba convencida de que la niña haría un agujero, la agarraría con fuerza y se la llevaría al mundo de los humanos. Allí tendría que aprender a vivir cabeza abajo. Quizás Anitram tendría que luchar al lado de los humanos contra los monstruos.
Anitram tuvo tanto miedo que se quedó muy quieta en su cama peluda, intentando que ninguna parte de su cuerpo, sobre todo sus pies o sus brazos rozados, quedaran colgando fuera de la sábana.
Como no podía dormir, Anitram llamó a su padre monstruo y le explicó por primera vez sus miedos.
        -Escucho a esa niña ruidosa pero no sé cómo es. ¿Y si fuera increíblemente grande, como tú? ¿Qué podría hacer?
        -Llamarme -le contestó su padre -. Escucha. Yo mataré miedos por ti. ¿Sabes? El miedo es elástico, como un chicle. Se hace pequeño, hasta desaparecer.
Anitram notó que había crecido por dentro.
Y, sin que se diera cuenta, se durmió y su brazo salió de la sábana y quedó colgando del aire.
Lo mismo le pasó a Martina, y a la misma hora de la noche su brazo salió de la sábana y cayó hacia el suelo. Entonces se hizo un enorme agujero. Nadie sabe cómo ocurrió, son ese tipo de cosas mágicas que suceden por la noche, cuando soñamos. Y por aquel agujero, la punta de los dedos de Martina pudo asomarse al otro mundo, el que tanto temía, ni más ni menos que el mundo de los Monstruos..
A la pequeña monstrua le sucedió lo mismo. Ambas manos se tocaron. Anitram notó aquel tacto de piel humana, y Martina notó que su mano se llenaba de un agradable pelaje.
Y las dos se dieron cuenta de que habían tenido miedo la una de la otra porque aún no se conocían. Y a partir de entonces, las dos dejaban caer su brazo, cada noche.

1 comentario:

  1. Curioso, extraño, bonito, original..., sin lugar a dudas los monstruos son del tamaño de nuestros miedos, como los molinos de viento eran gigantes según la mirada. Interesante también la unión de las manos cada noche pues la única forma de vencer nuestros miedos es encarándolos, afrontándolos, reconciliándonos con ellos...

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