Hace varios años, en mi pueblo, abrieron una carpa que molaba. Se llamaba "La Noria", estaba en medio del campo y no había canis, algo sorprendente viendo las estadísticas de la población de Los Palacios. En este lugar pasé muchas noches de verano, acompañada de buena gente que hicieron de esos momentos únicos. También allí conocí a una personita, la cual sabía de su existencia por oídas. Lo que no esperaba fue que esa persona poco después se convertiría en un gran amigo.
Se veía desfasado, pálido como si no le diera el sol nunca (luego descubrí que en verano se enclaustraba para lo mismo), con su barba pelirroja característica y su camiseta naranja de Trainspotting. Bailamos y cantamos toda la noche pero, lo que suele ocurrir en estos momentos de desfase, al día siguiente no se acordaba. Con el paso del tiempo me di cuenta que no fue porque iba demasiado ciego, aunque también afectaba eso, sino que tenía un problema con el espacio-tiempo.
Por suerte volvimos a encontrarnos. Su hermana y yo nos hicimos buenas amigas, iba a su casa y me lo encontraba y de la noche a la mañana, ya se convirtió también en mi amigo, en mi compañero de los cafés en el Muhapelo, de los cubatas y cervezas en el Privado, de los paseos por las Marismas y de las tardes tiradas en el parque. Poco a poco me fue integrando en su pequeño grupo de amigos y así fue como conocí a Lay, Pérez, Jisco, etc.
Muchas tardes ibamos Lay, él y yo a tomar café. Ellos hablaban y hablaban mientras yo sólo escuchaba, pero entre cafés, ruaviejas y copazos de anís me fui soltando poco a poco (y ahora hablo por los codos).
Los días pasaban y cada vez nos contábamos más cosas, tantas que al final la confianza se hizo notar demasiado. Con él he pasado buenos momentos. Recuerdo la fiesta ochentera, la virulé en El Thema, las botellonas donde se me rompían las gafas cada dos por tres, las tardes en la tetería donde me ponía ciega de azúcar, las aventuras de ponnys... y no pararía de contar.
Es un tío singular, de los que poco quedan, eso es lo que le hace especial. Siempre acompañado de unos botines, unos vaqueros rotos y su Valeria; puede tener pinta de ser el más yonki del pueblo (que tampoco anda muy lejos de ello) pero en el fondo es un osito, el hombre más tierno del mundo, con el que se puede contar siempre. Hoy es su cumpleaños, y sólo quería decirle lo mucho que lo quiero (que él ya lo sabe) y lo mucho que ha aportado a mi vida....
¡FELICIDADES BELTRÁN!
Por otros tantos años viéndonos crecer de esta manera tan peculiar que tenemos....

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